Vanesa Castillo: a un año del femicidio de la maestra

Tenía 33 años, una hija de 11 y todos los días iba de Santa Rosa de Calchines a Alto Verde para dar clases. En el mediodía del 14 de febrero de 2018, Juan Ramón Cano, la mató a puñalada en la puerta de la escuela Victorino Montes

Todos los días, sin dejar pasar uno, Vanesa Castillo se despertaba temprano, desayunaba algo mientras veía las noticias y agarraba su moto para recorrer casi 50 kilómetros y unir las localidades de Santa Rosa con Alto Verde. El motor de esta travesía diaria era su vocación que tanto amaba: ser maestra.  Tenía 33 años y era madre soltera por esas cosas de la vida y compartía sus días con su hija de 11 años.  El poquito tiempo que le sobraba era para estudiar Profesorado de Historia en el en el instituto Superior de Profesorado N° 8 Almirante Guillermo Brown. Todo ajustado. Todo al límite. Así como se vive cuando la cosa viene en serio.

Como siempre pasa en esta profesión, luego de obtener el título paseó por varias instituciones haciendo suplencias y llevando conocimiento a los pequeños y no tanto.  Luego, el destino la iba a llevar a la escuela Nº533 Victoriano Montes que iba a ser el lugar donde iba a profundizar su vocación y se iba a sentir parte de un establecimiento educativo que la necesitaba.  

Entre tizas, tazas de café, risas y abrazos, Vanesa entendió que la vida educativa no empezaba ni terminaba en la escuela. Había otros bemoles que iban más allá y eran incidentes de manera directa sobre la educación de un niño. En algunos casos las historias de sus alumnos iban más allá y, de a poco, con esa fuerza que sale de adentro, esa que no se explica pero se siente, la docente se hizo parte y cargó en sus hombros conflictos sociales que tenían como principales protagonistas a los alumnos de su escuela. Se animó. Denunció. Siguió los casos. Sintió empatía. Tuvo esa hermosa y cada vez menos vista cualidad de ponerse en el lugar del otro. Así fue que comenzó a seguir  un caso de abuso sexual a una menor de la institución. Un camino oscuro que, al parecer,  la iba a llevar al inexpicable fin de sus días.

A veces la realidad nos sorprende. Nos pone en el peor lugar en el momento menos indicado. Era jueves al mediodía y hacía calor en Alto Verde.  Tras terminar su función en la escuela la docente se dirigió hasta el estacionamiento de motos para buscar su rodado. Tras sacarle la cadena, se puso el casco, le dio marcha y salió rumbo a su casa. Es en ese momento que desde los árboles un hombre corre hasta el rodado, se sube al motovehículo como si fuera un acompañante y casi sin mediar palabras le asesta 13 puñaladas en la espalda a Castillo y se da a la fuga. Tras el traslado de urgencia de la mujer al hospital Cullen, al ingresar a la guardia se pudo saber que había fallecido.

Con respecto al móvil en un primer momento se habló de un robo. Algunos decían que fue para robarle la moto, otros explicaban que el delincuente quería el calzado de la víctima. Poco después se supo que el agresor fue Juan Ramón Cano de 34 años oriundo de Alto Verde. Fue hallado en la casa de su madre situada a unos 150 metros del lugar del hecho, donde se atrincheró rodeado por efectivos del Grupo de Operaciones Especiales (GOE), de la Policía de Investigaciones (PDI) y de la Prefectura Naval (PNA). Pasadas las 14, cuando tuvo ganas, se entregó. Salió de la vivienda y no se le movió un pelo. Mientras los vecinos intentaron lincharlo.

Luego se supo que Cano había salido cárcel de Coronda tras cumplir tres años de prisión por “abuso sexual y tentativa de robo.

El caso fue caratulado como femicidio no íntimo por la justicia. La hipótesis apunta a que se trata de un crimen por encargo (así también lo afirman los familiares de Vanesa) luego que Castillo haya activado el protocolo institucional para denunciar que una de sus alumnos sufría abusos.

Qué fue lo que sabía Castillo que tanto molestaba

Vanesa tomó conocimiento, en el marco de una intervención en la escuela, de un caso de abuso de una alumna de ella y activó el protocolo de denuncia (en la órbita del Ministerio de Educación).Se hizo cargo de una historia, sintió el dolor como propio y no estaba en sus planes mirar para otro lado. Si bien n fue ella quien figuró en el acta de denuncia (la realizó la mamá de la niña cuando se la puso en conocimiento de lo que la niña había manifestado en la escuela) siempre tomó el mando del caso. La menor no había sido alumna de Vanesa, sino que sostenía una relación de confianza con ella. Vanesa no sabía quién era el agresor porque la niña no se lo dijo. Pero decidió comunicar la situación a los directivos que llamaron a la mamá y le dijeron lo que pasa. Es la mamá la que hizo la denuncia ante la Policía, tras lo ocurrido.

Luego intervino la Comisaría de la Mujer y el fiscal de turno. Se tomaron las testimoniales que correspondían, se pidió la Cámara Gesell. El imputado estuvo prófugo unos días, después se presentó en la Comisaría de la Mujer y, automáticamente, se lo detuvo los primeros días de diciembre”, mientras la denuncia se realizó el 20 de noviembre, según detalló la fiscal de la Regional I. Asimismo, confirmó que entre la menor y el abusador existe una vínculo de medio hermanos, así como que el sujeto permanece detenido al día de hoy con un juicio abreviado con una pena de 13 años. Lo más acuciante de esta lamentable historia se centra en el hecho de que la niña quedó embarazada y el bebé ya nació.

Ahora bien, resta la hipótesis de un posible vínculo entre el imputado por la muerte de Vanesa Castillo y el abusador de la niña. “No hay nada que haya surgido, por lo menos en el marco de mi causa, que esté conectado con la muerte de Vanesa Castillo. Entiendo que es una de las líneas que se están siguiendo”, señaló Del Río Ayala. Tampoco se puede certificar que ambos sujetos hayan compartido celda durante su tiempo de convictos.

Hoy se cumple un año de aquel día en que la ciudad quedó en silencio. Uno de esos que calan hondo, que dicen mucho. A lo largo de todo el día habrá marchas y actos para recordar a la docente. Vanesa era una de esas  que eran imprescindibles. Una de esas que hace falta. Una maestra con todas las letras.

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