Para mí, la vida vale mucho más que un asado

Por Martín Sperati

En este país muchas personas aman romper las reglas. No les gusta el orden. Tratan todo el tiempo de infringir.

Esas personas son las más peligrosas. Porque piensan en sí mismas y les importa un comino pensar en la persona que está al lado.

Esta pandemia exige compromiso colectivo. Si uno de nosotros rompe ese esquema puede ser que la barrera de protección se debilite.

Hace tres semanas que no vamos a trabajar, que los chicos no van a la escuela, que la pyme está cerrada, que el 70% de la economía está frenada, que muchos no ven a sus padres, abuelos o nietos, sacrificando cada economía, alejado de nuestros afectos y lo peor es que, seguramente falten tres semanas más.

Romper la cuarentena nos va a salir muy caro. Esto hay que entenderlo. 

El viernes pasado hice público en la radio que 3 o 4 parejas habían violado la cuarentena al juntarse jocosamente a comer un asado, un viernes santo.

Dentro de esa reunión se encontraba una mujer cuyas iniciales son N.D. La mujer viajó de Rosario, motivada por la urgencia de ese asado: al parecer no se lo podía perder.

Regresó a su ciudad, con la suerte de que no la retuvieron en ningún control. Hace un par de días le llevó remedios a su padre que se encontraba en aislamiento como todos nuestros viejitos. El hombre de 74 años dio positivo en el test de coronavirus.

Al armar el circuito de ese contagio, los profesionales de la salud sacaron como posibilidad de que N.D haya sido portadora del virus, debido a que su padre no había mantenido contacto con nadie más que con ella.

N.D confesó que vino a Santa Fe y que luego de la hermosa reunión con asado de por medio, paró a comprar en un almacén santafesino, en el que había personas esperando a ser atendidas.

A N.D le hicieron el hisopado y esperan por los resultados. Todo indicaría que es asintomática y que producto de ello pudo haber contagiado a su padre.

Espero que lo hablado en la radio sirva para que nadie más pueda hacer semejante locura. Acá nos tenemos que proteger entre todos.

Por más pequeña que sea la reunión, puede derivar en algo trágico.

Lo hice público porque estoy cansado de que hace semanas nuestras autoridades nos piden por todos los canales que nos quedemos en nuestras casas y sin embargo, algunas personas hicieron caso omiso.

Lo hice público por los recolectores de basura, por las enfermeras, por los médicos, por las bioquímicas, por los trabajadores del sector alimenticio, por mi hermano, mi hermana, mis sobrinos, por tu abuelo, abuela, mamá y por tu papá.

Lo hice para que pensemos un poquito en el otro. Para que reflexionemos. Esto no es joda. Para mí, la vida vale mucho más que un asado.

El editorial de Martín Sperati