Perú va a las urnas para elegir presidente en un balotaje muy parejo

En segunda vuelta, los peruanos votan este domingo entre el sindicalista de izquierda Pedro Castillo y la ex legisladora populista de derecha Keiko Fujimori.

Los peruanos acuden a las urnas para elegir en segunda vuelta al próximo presidente entre el sindicalista de izquierda Pedro Castillo y la exlegisladora populista de derecha Keiko Fujimori, en comicios que se anticipan reñidos y con la incógnita de cuánto y cómo influirán el voto en blanco, el de las zonas rurales, los residentes en el exterior y la abstención.

Las elecciones estarán configuradas por el coronavirus y un alto escepticismo ciudadano, derivado del impacto económico de la pandemia y de una prolongada crisis que potenció la habitual fragmentación de la representación política y generó que en la primera vuelta, el 11 de abril, hubiera 18 candidatos presidenciales, el segundo número más alto en la historia del país.

Castillo y Fujimori pasaron a la segunda vuelta con 19,06% y 13,37% de los votos válidos, respectivamente –entre los dos sumaron menos de un tercio de los sufragios–, con 18,21% de votos en blanco o nulos y 29,88% de inasistencia, según el escrutinio oficial de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE).

Las últimas encuestas de las cuatro principales firmas de opinión pública asignaron una leve ventaja a Castillo, pero en todos los casos en situación de empate técnico, con una diferencia inferior al margen de error.

Pero los sondeos no consideran la intención de voto de los peruanos empadronados fuera del país –son casi un millón de los 17,7 millones de ciudadanos en condiciones de votar–, coincidieron los politólogos Fernando Tuesta y Sergio Pascual.

Asimismo, tienen dificultades técnicas para dimensionar el sufragio en las áreas rurales y entre aquellos ciudadanos que pueden sentirse avergonzados de su decisión en un contexto de alta polarización.

Pascual señaló que así como un voto masivo en el exterior podría favorecer a Fujimori, “es probable que las encuestas no midan el peso que tiene la candidatura de Castillo en los sectores rurales, en los que tradicionalmente hay más abstencionismo”, porque “es difícil para las encuestadoras medir las movilizaciones extraordinarias, sobre todo si ocurren en el ámbito rural“.

La polarización se reflejó en una campaña plagada de acusaciones y noticias falsas contra los dos candidatos, que concentran altas dosis de “antivoto”, como llaman los peruanos a la determinación de un ciudadano de no votar por un candidato bajo ninguna circunstancia.

Castillo dedicó buena parte de sus discursos a desmentir que tenga vínculos con Sendero Luminoso y el chavismo venezolano, así como que planee afectar la propiedad privada y alentar una reforma de la carta magna por fuera de las prescripciones constitucionales.

También, a tomar distancia del líder de su partido Perú Libre (PL), Vladimir Cerrón, condenado por hechos de corrupción ocurridos mientras fue Gobernador del departamento Junín.

En tanto, Fujimori, que encabeza el partido Fuerza Popular (FP), llegó a pedir “perdón” y “una nueva oportunidad” tras presentarse a este proceso electoral con la libertad restringida e investigada por presunto lavado de activos, y sin deslindarse del todo de la gestión de su padre, el expresidente Alberto Fujimori, preso por delitos de lesa humanidad y corrupción.

Por este motivo, en los últimos días se reprodujeron las masivas marchas contra ella que ya se habían realizado en 2011 y 2016, cuando también compitió en el balotaje presidencial y perdió en ambos casos, incluso en el último después de haber ganado holgadamente la primera vuelta.

Otro signo relevante de la campaña fue el afán de los candidatos de buscar alianzas con el resto de los partidos, no solo para los comicios de mañana sino también con la mira puesta en un eventual Gobierno, pues ambos tienen bancadas minoritarias en el Congreso unicameral.

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