viernes, junio 21, 2024
Editorial de Martín Sperati

Después de Dios, “los Jueces”

La delirante decisión en el caso Baraldo de un conjunto de jueces para determinar que los abusadores estén libres, activan las alarmas para pensar que después de Dios aparecen los jueces que se creen, incluso, por encima de él.

Por Martín Sperati

La decisión de un conjunto de jueces para revocar la prisión preventiva de los abusadores en el denominado “Caso Baraldo” prenden las alarmas para pensar que los magistrados se creen por encima de dios.

Se creen intocables, impunes, todopoderosos, omnipotentes y todos los adjetivos calificativos que nos ofrece el diccionario de la Real Academia Española.

Es incomprensible la poca sensibilidad de los magistrados que pese a una condena ejemplar en el que se investigó un caso de abuso sexual de un menor de edad en Esperanza, quedaron en libertad los principales acusados y condenados por el aberrante caso.

Hoy los abuelos del menor y el tío se encuentran en libertad porque los señores jueces revocaron la “prisión preventiva” por considerar que no hay sentencia firme.

A estas tres personas las podés encontrar “amigablemente” en la fila de algún super. En el juicio se comprobaron todas las pruebas que indican la culpabilidad de estos sujetos, ¿cómo es que están libres?, y los familiares de la víctima con custodia policial. Delirante.

Los jueces se amparan en las leyes, pero como toda ley, hay un espíritu que los magistrados con un poco de coherencia deben llevar adelante.

La poca coherencia y el “garantismo” volvieron a ganar e inclinaron la cancha para los que cometen delitos. La justicia debiera advertir la permeabilidad que supone las leyes y actuar con un sentido común acorde a lo sucedido.

La sociedad está harta de los jueces que se creen que son representantes de dios en la tierra, algo así como sacerdotes de las leyes éticas y morales.

Me pregunto cual es la sensación del conjunto de jueces que dejó libre a estas personas que andan como si nada por las calles de esperanza o buscando un destino para que nadie los pueda encontrar. Mientras tanto, la familia convive con fuerzas policiales por miedo a que les suceda algo.

Una vez más la justicia en favor de los derechos de los que le hacen mal a la sociedad.

Del ridículo no se vuelve…