El partido ya perdió esencia

Por Martín Sperati

La frustrada superfinal entre River y Boca volvió a demostrar que en argentina gobiernan los violentos y la corrupción: Sobran los culpables y faltan los responsables.

La triste foto que se vivió este fin de semana habla de un complejo cuadro de cosas que suceden en nuestro país. La impericia para organizar un partido de fútbol, delata nuevamente el manejo escaso de las fuerzas de seguridad y la aparición de las barras bravas que hacen y deshacen a su antojo.

La culpa no es del argentino. Caer en esa posibilidad, es equivocar el diagnostico. El argentino común no tiene nada que ver con esto. En todo caso, que aparezcan los verdaderos responsables de toda esta historia.

Argentina navega por un tema cultural y complejo respecto de la manera que actúa un ser humano en un espectáculo de esta naturaleza, pero no por eso el conjunto de la sociedad va a ser responsable de semejante bochorno mundial.

Las fuerzas de seguridad debieran garantizar el normal desenvolvimiento de un partido de fútbol. Aún así, se mancaron y no pudieron gobernar el traslado de un micro hacia un estadio: Lamentable.

Después lo otro, La Conmebol con sus permanentes idas y vueltas, y con su lógica de “El Show debe continuar”

A estas alturas no me interesa si Boca quiere apelar al escritorio y si River se encolumna en esta “suerte de caballerosidad” que firmaron ambos presidentes el Sábado por la tarde”.

El partido ya se desnaturalizó. Perdió esencia. Se quebró.

¿Cómo se puede estar enfocado en un partido que no debiera jugarse? y si se juega, el organismo Sudamericano debiera pensar en la posibilidad de hacerlo para el año que viene. Hoy las condiciones no están dadas.

Antes del partido, el Presidente Mauricio Macri salió a decir que el partido debía jugarse con público visitante. Al mismo tiempo, la Ministra de Seguridad asintiendo lo del presidente. Hasta ahora no salieron a explicar porque no pudieron controlar un micro.

El resto de los argentinos no deben sentir vergüenza. Son espectadores de una situación que se vive desde hace muchísimo tiempo en este país. A nadie debe extrañarles lo que pasó.

A los violentos le dan palcos de privilegios, los atienden con entradas, los dirigentes lo conocen, aunque luego más tarde dicen no tener relación con ellos.

Los dirigentes deben sentir vergüenza, no el público argentino. Está claro que ellos son los encargados de organizar este tipo de espectáculos y se vio que no lo pueden hacer.

Las fuerzas de seguridad son incompetentes. Los dirigentes son impropios de la tarea que tienen y hay un grupo de vándalos dispuestos a ordenar (o desordenar) el fútbol argentino cuando le dé la gana.

Argentinos no tienen nada que ver. Si, siéntase afectado aquel que compró la entrada y aquellos que se sentaron a ver el partido postergando otras actividades.

 

Ustedes dirigentes argentinos, siéntanse avergonzados del fútbol que dirigen.