domingo, abril 14, 2024
NacionalesOPINIÓN

El apretador

Por Martín Sperati.

El ciudadano de a pie, el que labura todo el día y tiene poca capacidad para sentarse y analizar las noticias con aplomo y detenimiento, navega por un mar de contradicciones, o peor, lo hacen navegar por esas aguas turbulentas, debido a que si prende un canal, mira una realidad y, si cambia de canal tiene la realidad totalmente opuesta.

Todo está pensado“, dijo alguna vez un capo de la psicología social. Por eso, los medios de mayor alcance se empecinan en tratar de contar SU VERDAD. La verdad como cuestión absoluta no existe, sino más bien la capacidad que tiene cada uno de percibirla según las creencias y las vivencias en las que la vida lo ubicó.

Volviendo al tema de la turbulencia, hoy ese ciudadano no sabe que sale y que no de la Ley ómnibus que se está debatiendo en la Cámara de Diputados de la Nación. Lo que si sabemos es que Javier Milei está haciendo trabajar a los legisladores y eso es una gran noticia.

Lo otro es un verdadero zafarrancho, debido a que en la mencionada ley, el presidente mandó un paquete de temas, todos mezclados con todos, en la que intenta reformar cuestiones de la vida diaria que merece un debate mucho más serio y no esto que estamos viendo en las comisiones internas, donde de la noche a la mañana, Despacho Play pudo corroborar que hay un dictamen que se firmó con hojas en blanco y que en estos momentos, incluso, lo están completando, haciendo de esto un verdadero horror y atropello a las instituciones.

Lo preocupante de todo esto, es que los periodistas, paladines de la moral y de las grandes editoriales, se queden callados ante semejante nivel de pisoteo al normal desenvolvimiento de uno de los poderes del estado. Cuando estaba Cristina gobernando, se la pasaban haciendo comentarios altisonantes y daban clases de república. Hoy calladitos la boca.

Para que usted, estimada/o lector entienda, es gravísimo que se firme una hoja en blanco y más si se trata de un documento público que trastoca intereses individuales y colectivos.

Nadie en el Congreso tenía el dictamen “definitivo” y circulaban varios “borradores” con distintos articulados. Regulaciones claves sobre zonas frías, biocombustibles, retenciones a productos regionales, pesca y otros aspectos importantes de la norma siguieron cambiando durante el día, al ritmo de los distintos lobbies que operaban sobre un departamento de Recoleta, ni siquiera en las comisiones internas.

La situación es de tal gravedad institucional que la oposición debe presentar una denuncia penal. Lo más notable es que el caos en el que se maneja el gobierno de Milei es de tal magnitud y es tan permeable a los lobbies que operan para meter y sacar artículos es que hay un elemento peor: todavía no está cerrado el dictamen definitivo.

Estamos ante un desastre legislativo. No se trata de buenos y malos. Veamos entonces de que se trata la ley que tanta disidencia trae: En términos generales, baja impuestos a los ricos, habilita negocios a determinados grupos del poder económico, le da facultades delegadas al presidente, habilita un blanqueo de capitales muy sospechoso, siendo un premio a los evasores. Mientras hace todo esto, perjudica a los jubilados, afecta amplios sectores vinculados a la cultura, afecta a los sectores exportadores que aportan valor agregado, entre otros.

Tal como lo dijo el periodista, Reynaldo Sietecase: ¿Si al gobierno le va bien con estas características, al país le va a ir bien? Difícil respuesta, ¿no?.

En paralelo, Milei mandó a su ministro de economía a decir que si no se votaba la ley, no había fondos para los gobernadores. Lo hizo replicar por su vocero, el que saluda y pone FIN y luego salió él mismo a apretar a los mandatarios provinciales al decir que “Los voy a dejar sin un peso, los voy a fundir a todos” , como un verdadero Rey.

Milei se cree omnipresente. Piensa que un presidente hace y deshace a su antojo. Como olvidar del Milei candidato cuando dijo: “me corto un brazo si aumento o cobro otro impuesto“, la pregunta es: ¿Qué brazo se va a cortar?.

De las crisis no se sale con modelos menos virtuosos o moralmente inaceptables, se sale profundizando la vida en comunidad, los lazos interpersonales, mejorando los debates parlamentarios, dando la cara frente a los dilemas difíciles que siempre enfrenta un gobierno. De las crisis se sale con más democracia. No con más autoritarismo. No con apretadores.

Martín Sperati, director de Despacho Play.